dilluns, 7 de febrer de 2011

Perdonen que no me levante

Groucho Marx decía que no desearía ser miembro de un club que le admitiera como socio. A veces parece que algunos países europeos no deseen ser miembros del proceso de integración europeo. Me explico. Los europeos han acusado en numerosas ocasiones a los estadounidenses de tener una doble moral al defender valores como la democracia y los derechos humanos a la par que daban apoyo a dictaduras que contribuían a estabilizar a algunos socios estratégicos (léase Egipto). Sin embargo, y dada la actual oleada de revueltas bautizada como “la revolución del jazmín” en varios países del Mediterráneo y Oriente Próximo, los europeos parecemos quedar de nuevo en mal lugar. Mientras los estados miembros apenas se ponen de acuerdo en un descafeinado comunicado, el gobierno de Obama está exigiendo a Mubarak y a otros dictadores de la región que inicien reformas democráticas.

La falta de acuerdo en ofrecer una respuesta clara a favor del avance de la democracia demuestra una vez más la ausencia de ideas claras y objetivos comunes en materia de acción exterior por parte de los países que forman la UE. La escasez de acuerdos en temas tan básicos como los principios rectores de la política exterior o la gestión del mercado común y la moneda única (aunque este tema lo dejamos para otra ocasión) no hacen más que demostrar que —lamentablemente— los pilares sobre los que descansa el proceso de integración europea no son todo lo consistentes que algunos quisiéramos para establecer políticas europeas de calado en algunos ámbitos.

La ausencia de compromisos en este campo nos conduce una vez al más eterno debate ‘ampliación versus profundización’. Somos muchos los que estamos convencidos de que el proceso de integración europeo es una buena idea. Sin embargo, en ocasiones parece que los miembros actúen como Groucho y sean miembros de un club del cual no desean formar parte.

Arnau Gutierrez Camps